El compromiso de Baker Tilly con la educación
En octubre, el Campus Metropolitano Dr. Víctor Levi Sasso de la Universidad Tecnológica de Panamá se convirtió en un recorrido por nuestro pasado. La cuarta edición del Festival de Historia Panamá, organizada por la Fundación CREEA bajo el lema “La historia se juega aquí”, recibió a estudiantes, familias y docentes con microteatro, recorridos y experiencias interactivas, atendidos por más de 190 jóvenes voluntarios de la Universidad de Panamá y la Universidad Tecnológica de Panamá.
En Baker Tilly Panamá nos sentimos orgullosos de haber estado entre las instituciones que acompañaron esta edición. Y es razonable que alguien se pregunte: ¿qué hace una firma de auditoría, impuestos y consultoría apoyando un festival de historia?
La respuesta corta es que nuestro trabajo y el de la historia se parecen más de lo que parece.
Un auditor revisa lo que ocurrió. Busca evidencia, contrasta fuentes, distingue lo documentado de lo supuesto y llega a una conclusión en la que otros puedan confiar. El buen historiador hace lo mismo con otros materiales.
Por eso valoramos el Festival: no se limita a entretener. Parte de contenido investigado y revisado por especialistas, y lo convierte en una experiencia que un estudiante puede vivir y recordar. Rigor y accesibilidad juntos. Es lo mismo que intentamos hacer cuando le explicamos a un cliente una norma contable compleja o una nueva ley tributaria.
En nuestra profesión repetimos una idea: las decisiones que se toman hoy dan forma al mañana. Por eso la marca Baker Tilly se resume en una frase sencilla: Ahora, para el mañana.
Pero ninguna decisión se toma en el vacío. Un empresario que entiende por qué Panamá se convirtió en un centro logístico y financiero decide mejor dónde invertir. Un funcionario que conoce cómo se construyeron nuestras instituciones entiende mejor por qué vale la pena cuidarlas. Un ciudadano que conoce su historia es más difícil de engañar.
Este año lo hemos visto de cerca. En octubre, Panamá salió de la lista de jurisdicciones fiscales no cooperativas de la Unión Europea, después de años de trabajo para demostrar transparencia. La reputación de un país, como la de una empresa, se construye con hechos sostenidos en el tiempo. Y esa visión de largo plazo se aprende, en buena parte, conociendo de dónde venimos.
En Baker Tilly entendemos la educación como una responsabilidad cotidiana, no como una actividad aislada. Compartimos conocimiento técnico en nuestros artículos y canales, acompañamos a los clientes para que entiendan los cambios normativos y no solo los cumplan, y formamos a nuestro propio equipo de manera continua.
Apoyar un festival que acerca la historia a niños y jóvenes es una extensión natural de esa convicción. Nos importa en especial su alcance social: según los organizadores, en sus cuatro ediciones más de 6,000 niños en situación de vulnerabilidad han participado de forma gratuita. La educación de calidad no debería depender del lugar donde uno nace.
En Baker Tilly creemos en poner primero a las personas. Una firma crece cuando sus colaboradores crecen, y no solo en lo técnico.
Iniciativas como esta desarrollan habilidades que ningún curso de normas contables enseña: comunicar con claridad, trabajar con personas distintas y entender el país más allá de una oficina. También nos acercan a los jóvenes universitarios que hicieron posible el evento, muchos de los cuales serán quienes lideren las empresas y las instituciones panameñas en los próximos años.
Una economía sólida necesita más que reglas claras y empresas eficientes. Necesita ciudadanos que confíen en sus instituciones y tengan criterio para exigirles. Necesita una identidad compartida que dé sentido al esfuerzo colectivo.
Ninguna organización puede construir eso sola. Por eso valoramos el modelo del Festival: universidades, museos, fundaciones, empresas, entidades públicas y aliados internacionales trabajando por un mismo objetivo. Las alianzas, cuando son genuinas, multiplican el impacto.
Cuando un niño sale del Festival sabiendo algo nuevo sobre los primeros años de la República, no ha aprendido solo un dato. Ha aprendido que el presente tiene causas, que las decisiones tienen consecuencias y que el país que habita fue construido por personas como él.
Esa es, en el fondo, la misma lección que intentamos aplicar en cada auditoría, en cada asesoría y en cada conversación con un cliente. Felicitamos a la Fundación CREEA, a los voluntarios y a todos los aliados por una edición que confirma algo en lo que creemos firmemente: invertir en la memoria de un país es invertir en su futuro.
Nos vemos en la próxima edición.